
El gerente financiero de una prestigiosa universidad de la capital ecuatoriana fue asesinado después de llamar aterrorizado a su esposa para advertirle que unos desconocidos lo perseguían, en lo que se convirtió en su última conversación.
La víctima alcanzó a relatar que sentía la presencia de los agresores antes de que estos lo ejecutaran, dejando a su familia sumida en el dolor y el trauma psicológico.
Las autoridades investigan el móvil del crimen, mientras familiares y allegados exigen justicia y rechazan que los responsables puedan quedar en libertad con recursos del Estado.