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Lustradores, zapateros y canillitas mantienen vivos oficios tradicionales en el centro de Guayaquil. Estos trabajadores llevan décadas en las calles y resisten a la modernización.
En el centro de Guayaquil, mientras la ciudad cambia y se moderniza, hay oficios que se resisten a desaparecer y siguen marcando el ritmo diario de sus calles. Un lustrador de zapatos comenzó a los 12 años y lleva 25 lustrando el calzado de los guayaquileños, y hoy, a sus 39, sigue en la misma esquina donde lo conocen sus clientes.
A pocos metros, una costurera acumula 55 años cosiendo guayaberas y afirma que mantener vivo este oficio es lo que ama y lo mejor que ha hecho en su vida. Mientras tanto, el heladero de naranjilla y coco ofrece el vaso mixto a un dólar y se ha vuelto parte del paisaje para quienes transitan por la zona.