
Doña Victoria lleva 11 días velando el cuerpo de su sobrino Carlos Sea Calderón, de 36 años, quien falleció por un infarto el 24 de julio y permanece en la sala de su vivienda en las calles 35 entre Callejón Parra y Oriente, suroeste de Guayaquil, sin que la familia haya podido sepultarlo porque la madre y los hermanos del fallecido se desaparecieron con los $300 que vecinos reunieron para el entierro.
La tía, quien se quedó sola con el cadáver y solo cuenta con el apoyo de su nuera, relata que los familiares huyeron a los tres días del velorio sin dejar el dinero, mientras los moradores de la zona han denunciado los fuertes olores nauseabundos que emanan del cuerpo, pese a que el ataúd fue cubierto con plástico y cinta de embalaje para contener la descomposición.
Las autoridades locales no han brindado respuesta y vecinos denuncian que grupos conocidos como “vacunadores” se han tomado el cementerio Padre Ángel María Canales, exigiendo pagos para permitir el ingreso de los difuntos.